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17 octubre, 2022 Problemas infantiles0

¿Qué es el autocontrol emocional? 

El autocontrol emocional es aquella capacidad para conseguir gestionar las emociones ante determinados eventos que nos afectan (especialmente, de forma negativa). A través de esta gestión, se consigue controlar también la activación fisiológica del organismo.

Un niño que tiene un buen autocontrol es aquel que puede regular su primer impulso, reflexionar y adaptar su comportamiento a las circunstancias. Obviamente, no se trata de una habilidad fácil de desarrollar. Dicha capacidad se va adquiriendo con los años. Cuando son pequeños, los niños pueden mostrar dificultades para gestionar sus emociones, debido a su inmadurez, falta de experiencia, desarrollo insuficiente del lenguaje… Enfadarse, probar cosas nuevas, preguntar, dudar… todo esto forma parte de su aprendizaje, y constituye una fase normal y necesaria para su desarrollo psicoafectivo.

No obstante, existen diferentes técnicas de autocontrol que son muy eficaces y que pueden ser de gran ayuda para que el niño aprenda a regular su comportamiento. Dichas técnicas están enfocadas a enseñar a los más pequeños a comprender y gestionar sus emociones, con la finalidad de emitir una conducta más adaptativa al respecto.

5 Técnicas de autocontrol para niños

1) Tiempo fuera positivo

Consiste en crear un lugar especial dentro de la casa o el aula, al que el niño/a pueda recurrir para calmarse y volver a su centro (estado emocional equilibrado) cuando se sienta alterado o fuera de control. Este lugar debe ser escogido y decorado en conjunto con el niño/a y debe contener elementos que lo inviten a relajarse y a sentir paz, como por ejemplo: libros, música, juguetes, hojas y colores para dibujar, una pizarra, peluches, plastilina, etc.

2) El semáforo

Es una técnica efectiva para autorregular en los niños comportamientos impulsivos, arranques de ira o agresión y consiste en entrenar al pequeño para que cuando sienta que está por caer en estos comportamientos «actúe» como lo hace un semáforo. ROJO para DETENERSE; es decir, quedarse quieto tal cual lo hacen los coches en la ciudad. AMARILLO para PENSAR lo que está sucediendo y detectar posibles SOLUCIONES y VERDE para ACTUAR llevando a la práctica alguna de esas opciones.

3) Tocar agua o arena

Esta herramienta holística logra que los niños más sensoriales se calmen al estar en contacto con elementos de la naturaleza. Si tu hijo tiene esta sensibilidad, cada vez que se enfade, puedes ofrecerle una pequeña cubeta con agua para que meta sus manitas. También puedes tener una caja o cubeta con arena para que el niño esté en contacto con ella. A muchos les encanta tocar y jugar con la arena porque los distrae y entretiene.

4) Soplar burbujas

Está técnica es para lograr la calma a través del control de la respiración. Consiste en imaginar que se hacen burbujas, para lo cual es necesario controlar la respiración soplando suavemente para que las burbujas se formen. El adulto puede acompañar al niño respirando calmadamente con él para demostrarle cómo se hace. Otra variante es soplar burbujas en un vaso con agua con la ayuda de una pajita.

5) Meditación del globo

Aquí enseñas al niño a sentir su abdomen como un gran globo que se infla y desinfla al respirar. En cada inhalación su tripa se inflará y en cada exhalación se desinflará. Esta consciencia corporal unida a la respiración le proporcionará calma mental.

¿Qué te han parecido? Estas son algunas técnicas rápidas para lograr que el niño desarrolle cierto grado de autocontrol, pero no son suficientes. También es importante que los adultos a su alrededor den el ejemplo, y que el niño comprenda la importancia de regular su comportamiento.

 

En Proyecto 3 Psicólogos somos un equipo interdisciplinar que atiende todas las necesidades educativas, psicológicas y funcionales del desarrollo infantil, juvenil o adulto.


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21 abril, 2022 GeneralPatologías0

El miedo a hablar en público puede ser, en muchas ocasiones, incapacitante. En otras palabras, puede afectarnos en nuestro día a día interfiriendo en las actividades de la vida cotidiana y limitándonos. Este fenómeno también puede ser conocido como glosofobia. Por ello, en el post de hoy hablaremos sobre qué es el miedo a hablar en público, cuando se puede considerar un problema, cuáles son sus síntomas y qué podemos hacer para gestionarlo.

El miedo a hablar en público es una forma de ansiedad frecuente. Puede variar desde un nerviosismo leve a un miedo paralizante y pánico. Muchas personas con este miedo evitan las situaciones en las que tienen que hablar en público por completo o sufren en su transcurso, con las manos y la voz temblorosas.

Se estima que más de un 75% de la población sufre ansiedad o nerviosismo al enfrentarse a estas situaciones. Este miedo se le conoce como glosofobia, que es el término para referirse a personas que padecen ansiedad o se bloquean al tener que exponerse a hablar en público. Sin embargo, ser un buen comunicador es una de las habilidades más demandadas en el entorno laboral.

Síntomas y reacciones

La persona afectada puede padecer síntomas físicos tales como: sudoración, temblor, visión borrosa, mareos, taquicardia, respiración y voz entrecortada, tensión muscular, sensación de ahogo y enrojecimiento facial.

A nivel psicológico también se observan cambios como dispersión de la atención, confusión, aparición de pensamientos negativos desadaptativos y dificultades en la concentración.

A nivel conductual la persona también cambia su comportamiento poniendo en marcha conductas como: torpeza, utilizar un volumen de voz bajo, hablar excesivamente rápido, tartamudear, quedarse en silencio, ganas de huir y activación motriz excesiva, entre otras.

4 técnicas para vencer el miedo a hablar en público

  • Practicar

La práctica es la base del éxito en oratoria y es la clave para perder la vergüenza. Todos hablamos en público diariamente sin darnos cuenta y una reunión familiar o de amigos puede convertirse en la oportunidad ideal para practicar. Así iremos perdiendo ese miedo y vergüenza dentro de entornos más cómodos y conocidos, haciendo más fácil enfrentarse a esta situación en futuras ocasiones.

  • Respirar y relajarse

Hacer ejercicios de respiración será de gran ayuda para mantener el control del cuerpo y la mente cuando se empieza una intervención en público. En este sentido, los ejercicios de meditación también pueden ser parte de la rutina diaria para aliviar la ansiedad.

  • Cuidar el lenguaje corporal

Adoptar una postura correcta que dé confianza al hablar hará una gran diferencia al expresarse en público. Por ejemplo, relajar los hombros, desplazarse por la tarima o cerca del público dará una mayor sensación de seguridad a quien habla. Sonreír, también te dará más confianza y hará que te rejales en ciertos momentos de tu intervención.

  • Empatizar con la audiencia

En general, cuando hablamos en público es porque tenemos algo que aportar a la audiencia, por lo tanto, debemos entender que estamos ahí para ayudarlos. Por ello, antes de dar nuestro discurso es recomendable conversar con algunos de los asistentes, escuchar lo que les preocupa y observar sus interacciones. Con ello, eliminaremos el temor a contar algo que no sea relevante o perder su interés.

 

El miedo a hablar en público no es permanente, sino algo que podemos aprender a controlar. Nuestra mente tiene el poder de aumentar o superar los temores, y la decisión de dejarse dominar por ellos o dominarlos está en cada persona.

Si no puedes superar el miedo con la práctica, considera buscar ayuda profesional. La terapia cognitiva conductual es un enfoque basado en las habilidades que puede ser un tratamiento eficaz para reducir el miedo a hablar en público.


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